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El joven que no quería dejar su riqueza

Había una vez un joven que vivía en un enorme castillo, tan grande que cabían cien elefantes en el comedor, y unos cien más en la recepción. Este joven había heredado grandes fortunas, por lo que estaba acostumbrado a hacer lo que él quisiera, aunque lo que más disfrutaba era dar grandes banquetes en su honor, en donde venían muchas personas.

El problema era que la gente que vivía cerca del castillo no era feliz, constantemente se quejaban de que no tenían la comida suficiente para sus familias, ya que este joven rico compraba todo lo que llegaba al pueblo desde tierras mas fertiles.

Un día la gente decidió ir a presentar sus quejas a este joven rico, más él no les presto atención y siguió haciendo sus muchas fiestas y banquetes.

Todos aburridos de la situación decidieron entonces dejar el pueblo e irse a otros lugares mas lejanos, en donde pudieran cosechar sus propios alimentos, o comprarlos antes de que los comprara el joven rico.

El joven al día siguiente decidió hacer una gran fiesta, con muchos invitados, juglares, y bardos. La fiesta fue un desastre, nadie llego a ella.

El joven entonces preocupado, decidió salir al pueblo para ver que había pasado, dándose cuenta de que estaba solo, todos se habían marchado y nada le habían dicho.

La soledad hizo que todo le pareciera aburrido, su gran castillo, y sus banquetes al que ya nadie acudía, pero el amor a su dinero pudo más y nunca dejo ese castillo, cada día se preguntaba a donde habrían ido todos esos envidiosos de su fortuna.

Y así paso encerrado con sus riquezas hasta su vejez, cuando comprendió entonces que el dinero no era más que metal y piedras, y extrañando la compañía de su juventud, decidió salir en búsqueda de algún pueblo.

Salio al patio del castillo y luego atravezo el viejo pueblo, se interno en el bosque y de pronto… paff… choco con una cerca de poca altura.

Extrañado el viejo entonces la salto, y camino unos cuantos metros para darse cuenta que había todo un pueblo muy cerca del otro, pues los habitantes no habían llegado muy lejos, si tan solo hubiera decidido antes alejarse de sus riquezas, cuantos años más hubiera disfrutado de banquetes y celebraciones junto a la gente que le daba el verdadero valor a su vida.

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