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El pequeño lechero

El pequeño niño había caminado cientos de kilómetros por el borde de un caudaloso río, sobre sus manos llevaba cargando una carretilla pesada, con pequeñas botellas de aluminio, llenas de leche fresca, el cual había obtenido gracias al trabajo de años en su pequeña granja.

El sol sobre su cabeza le daba ánimos y alumbraba el escabroso sendero, llena de barro pegajoso y piedras traicioneras, pero que no impedían que la carreta rodara y rodara sin detenerse. El chico de vez en cuando se detenía para sacarse el sudor de la frente, y sonreía antes de volver a poner la carreta en movimiento.

A lo lejos, una casa lejana, allí haría su primera venta. Camino rápidamente apurando el paso, a los pocos minutos estuvo tocando una puerta fina, de una casa de grandes ventanales. Salio una mujer alta, delicada y fina, de pelo largo oscuro. Hilando finas palabras le pregunto que es lo que deseaba, entonces el chico le presento la leche, sacada por él en su granja lejana.

La mujer lo miro y sonrió, le pareció gracioso, y le compro una botella de aquella leche. Le pago entonces con una moneda de oro, y cerro la puerta. Más cuando el chico se fue, la mujer miro el frasco y lo vertió en la basura, sin pensar más en aquel encuentro. Lo que no se dio cuenta era que el niño miraba por la ventana, para ver la reacción de la mujer al dar el primer sorbo.

El chico siguió, un poco mas desanimado sin entenderlo, se había esforzado en aquella leche y ella lo había tirado al tiesto como si nada, años de trabajo desperdiciado, ahora el sol ya no le parecía tan agradable, y el camino se le hacía un poco más difícil. A lo lejos entonces una bella casa, adornada de detalles en tela de múltiples colores, caían por las ventanas y se movían con el viento. El chico se acerco dudoso pero esperanzado, una linda chica salio a recibirlo.

La chica de tez blanca y sonrisa calidad, de esencia humilde, y pelo mirada sincera se le acerco mirando con curiosidad lo que el chico traía. Tras concretarse la venta, por una moneda de oro, la chica desapareció tras la puerta, el chico dudoso entonces se acerco a la primera ventana abierta para observar. Vio sobre la mesa la leche sin tocar.

Paso bastante tiempo antes que la chica se acercara, la abrió y dejo un vaso a su lado, el chico esperanzado espero un poco mas, pero la chica abrió la nevera y saco otro frasco de leche, de una marca multinacional, y tomo de esta desechando la que el chico había hecho.

El chico entonces ahora con paso pesado, siguió caminando, la carreta se tambaleaba de un lado a otro. Sus pies ahora tropezaban y el calor le pesaba sobre su cabeza. A lo lejos entonces una casa extraña, con ventanas angularmente imperfectas, pintada de color calipso.

El chico decidió pasar de largo, ¿para que volver a desperdiciar todo su trabajo?, entonces sin querer se encontró con otra chica, al borde del río, de mirada rara, y con una sonrisa graciosa, sobre un bello rostro. La chica le hablo, y tras una pequeña conversación el chico entonces decidió venderle un frasco, por una moneda de oro.

La chica alegre entonces corrió con su frasco a la casa, el chico en cambio decidió seguir caminado, pero la duda pudo más y entonces le hizo correr hacia la ventana. Ahí estaba aquel frasco de leche sin ser tocado, sobre un pequeño aparador en la cocina. Pasaron las horas y nada, se hizo de noche y el chico seguía esperando.

Entristecido entonces decidió volver a su casa, dejando la carreta abandonada, entonces la chica salio y lo vio sorprendida.

-¿que haces aquí chico?-pregunto la niña sonriente. El chico entonces enfurecido le contó todo lo que había pasado para crear tan rico producto, y como una y otra vez lo vendía pero nadie lo probaba, por lo que la chica sonrió.- ¿Sabes?, yo si lo sé, pero en realidad no puedo probar la leche, una extraña enfermedad, pero vi todo el esfuerzo y me maraville de lo que habías hecho, es por eso entonces que decidí comprarte un frasco y guardarlo como un gran tesoro.

Entonces el chico agacho la cabeza y saco de su bolsillo la moneda de oro, la extendió colocándola sobre la mano de la chica.

-quieres que te devuelva el frasco… ¿Verdad?-dijo la chica con un tono melancólico. A lo que el chico con una sonrisa respondió.

-No, es su cambio… ya me ha pagado mas que suficiente.

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