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La Leyenda del Rey

Esta es la historia de un hombre, que vivía muy lejos de un pueblo olvidado. Este hombre había vivido toda su vida en la miseria, su madre desde pequeño siempre le había contado que algún día él sería una persona de gran riqueza, pero él nunca lo creyó.

Este hombre se pasaba el día cazando animales silvestres, ordeñando a su vaca, y cortando la leña. Era así como vivía cada uno de sus días, sin ninguna riqueza ni necesidad de ella. En sus días de ocio, gustaba dibujarse a él mismo sobre piedras lisas, soñando con las más grandes aventuras.

Un día, un niño curioso llego al lugar. Este niño provenía del pueblo y había decidido salir a excursionar, llegando así a los montes lejanos en donde vivía este ermitaño. El hombre no acostumbraba a recibir visitas en su casa, solo alguna vez había dado alimento a algún viajero perdido.

-¿Quién es usted?-Preguntó el niño sin miedo, a pesar de la desaliñada apariencia del ermitaño.

-Pues yo soy el dueño de este lugar, vivo aquí.- Dijo el hombre desconcertado.

-¿Y es usted también dueño de este bosque?- Volvió a preguntar el niño con tono de entusiasmo.

-¿Quién eres, y porque preguntas?- Dijo el hombre ya extrañado, al ver al muchacho solo en esos valles.

-Soy un niño del pueblo, y quería saber si podría entrar a su bosque. Mi familia es pobre y no tenemos para comprar alimentos, es por eso que le ruego que me deje cazar algún conejo para llevar.

-¡Ah!… pues los conejos tienen una carne exquisita, entra y saca lo que gustes, yo ceno como un rey obteniendo cosas de ese lugar.

El niño entonces saltó de alegría y corrió al bosque a cazar un conejo, invitando al ermitaño a que visitara su casa algún día.

Cuando el chico volvió por la noche a su hogar, recibió una reprimenda por haberse ido sin avisar. Para evitar el castigo, contó entonces que un hombre que cenaba todos los días como un rey, le permitía cazar en sus territorios el rico alimento que esa noche podrían disfrutar.

La madre del chico quedo estupefacta, por lo que al otro día le contó a su mejor amiga, quien era panadera, que su hijo había sido invitado a comer por un rey de una tierra cercana, y que poseía muchos conejos que daba a los pobres.

La panadera entonces le contó a su esposo, quien era mercader, que un rey bondadoso tenía un bosque, el cual tenía las más ricas delicias, y que este lo compartía con todo aquel que lo necesitaba, que era todo un héroe.

El comerciante encontrando la historia entretenida, la contó a sus amigos, de que un gran héroe, quien también era rey, había llegado a ayudar a los pobres. Uno de los amigos que escuchaba atento, para acotar a la historia, conto que una vez había visto extraños escritos en piedras lisas, al borde de un río lejano, donde hablaba de una leyenda de un gran rey de esas características.

Los curiosos que escucharon la historia, rápidamente divulgaron el rumor de que un poderoso héroe, del cual se hablaba en profecías escritas en rocas milenarias, se había convertido en un bondadoso rey, el cual daba alimentos en abundancia.

El feudal entonces se preocupó de la situación, y mandó a que se investigara aquel rumor, llegando entonces al niño, quien contó que algún día este rey vendría a su hogar. El Feudal entonces informó a su rey la noticia, al verdadero rey de esas tierras, quien mandó a una escuadra a controlar la situación, y mantener alejado a quien se decía, que le usurparía su lugar.

El ermitaño un día entonces decidió ir donde el niño, llegó a la ciudad y vio un montón de soldados apostados en torres y murallas, más no les prestó atención, ni ellos a él. Por la noche la gente entonces decía, que el héroe había estado en la casa del niño, y que había burlado las defensas del rey.

La historia cobró tal vida, que la noticia de que el rey había sido derrotado recorrió todos los rincones del reino, y los pueblos, cobrando ánimos, aprovecharon el miedo de los soldados del rey por este nuevo héroe, y crearon revueltas y derrocaron al rey, quien que nada entendía.

Entonces el niño fue a buscar al ermitaño, para decirle que se había convertido en gobernador de todo el reino y que la gente lo esperaba para que tomara el lugar en un castillo lejano. Entonces el ermitaño sin comprender, se vistió y fue al pueblo, donde lo recibieron con honores. Una carroza dorada lo llevo a la capital, en donde fue coronado como nuevo rey.

 

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