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La niña que buscaba la Luna.

Esta era la historia de un pequeño niño, el cual era muy pobre. Vivía en las afueras de la ciudad, alejado de todo y de todos, excepto de su madre quien trabajaba a diario para llevarle unas pocas rebanadas de pan al día.

Una noche el niño había salido a cortar leña, con la cual haría una hoguera en donde prepararía una exquisita sopa. El aire era tibio, y la noche estrellada, por lo que el niño no tuvo la necesidad de apurarse, ni correr a la leñera, solo caminaba a paso lento mirando el cielo.

«una estrella, dos estrellas, tres estrellas…» contaba el pequeño a cada paso que daba, hasta que algo en el cielo le pareció que se movía. Siendo pequeño sabía que las estrellas no se movían, por lo que sintió gran curiosidad por ese diminuto punto en el cielo centellante».

El chico se le quedo mirando por un largo rato, y le pareció que el punto se agrandaba, y se hacía más grande que la propia luna. El niño no tenía miedo, algo en su interior le decía que no corriera. Entonces la luz bajo y descendió sobre un pajar, y una pequeña niña salió de en medio. El chico la observo, con un poco de temor y con gran curiosidad.
-¿Quién eres?-le pregunto el niño amablemente.
-soy Luci, me he perdido, ¿Podrías indicarme como se llega a la luna?
-Pues no lo sé, nadie puede llegar a la luna.-Dijo el niño extrañado.
-¿Quien dijo eso?-Pregunto la niña, con un tono ofendido.
-Mi madre dijo que la luna estaba lejos, y todos sabemos que no se puede llegar a ella a no ser por un cohete…
-¿Que es un cohete? que malvados son los hombres si es que te han dicho tales mentiras… vuela conmigo y entonces veras que si se puede llegar a la luna una vez que encontremos el camino.
El niño estallo en risas, entonces se le paso por su cabeza que todo podía ser producto de su imaginación, que en algún lugar se había golpeado fuerte y ahora veía cosas, por lo que se dio pellizcos, se tiro agua, mas no parecía hacerlo despertar, sacando muchas carcajadas de la niña que sin entender miraba divertida.
El niño se sintió torpe, sonrojo y miro a la niña. -¿Y quién te dijo a ti que se podía volar?
La niña lo miro pensativa -Nadie me lo ha dicho, es obvio que todos pueden volar, ves, yo vuelo -La niña entonces se elevo un tanto del piso. El chico entusiasmado por lo que veía se le acerco más para observarla.
-¿Crees tú que yo puedo volar?- Pregunto el niño entusiasmado. La chica le respondió con una sonrisa, y le tomo de las manos.
-¿Crees tú que puedes volar?-Le pregunto la chica de vuelta.
-No lo sé, los que conozco me dicen que…
-deja eso ya, ¿lo puedes hacer o no?-La niña ya no parecía tan dulce, lo que el chico molesto respondió que si con su cabeza. La chica entonces tomo su mano, y lo elevo sobre el pastizal.
-¡Estoy volando!-Exclamo con júbilo el niño- Entonces… ¿cuánto más me han mentido?
-No lo sé -sonrió la niña, aunque denotaba un poco de preocupación en sus ojos.
-Dime donde está la luna, y te ayudare a descubrir más cosas que tal vez no sabias.
-Yo no lo sé, pero juntos podemos ir en su búsqueda.
Y ambos niños se convirtieron en cometas en el cielo, que buscaban como llegar a la luna, y cada ciertos años los niños aun perdidos pero felices, pasan por aquella ciudad creando grandes historias entorno a tal fenómeno.

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