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La Osita Panadera

Había una vez, en un pueblo de ositos, un pequeña osita que tenía una panadería. Allí, se hacía el mejor pan del lugar, donde todos los ositos a diario iban a comprarlo y a disfrutarlo. La osita era feliz con su negocio, y cada día, con gran dedicación amasaba sus pancitos para que así lo ositos, pudieran tener en sus mesas, pan fresco y delicioso.
A esta pequeña osita, le gustaba tener su bodega llena de los ingredientes que necesitaba, para que así, nunca le faltara nada para poder hacer sus pancitos, sin embargo, de pronto, la harina empezó a escasear… los sacos de harina que ella tenía iban desocupándose rápidamente, y en ninguna parte había harina que comprar.
La osita empezó a preocuparse, puesto no quería dejar de hacer aquel pancito que a todos les gustaba, así que cuando su harina estaba por terminarse, decidió salir a averiguar que era lo que estaba sucediendo.
Comenzó recorriendo todas las calles del pueblo, en busca de algún lugar donde pudiera encontrar harina, o donde alguien supiera que estaba sucediendo. Fue así como visitó todos los lugares en donde pudiera encontrar harina o alguna respuesta, sin embargo, los otros ositos estaban igual de confundidos que ella.
De esta forma, decidió alejarse del pueblo e ir hacia los molinos que se encontraban a la orilla del gran río que rodeaba el pueblo de lo ositos. Caminó mucho, hasta que al fin pudo llegar, donde fue recibida por los ositos molineros, quienes estaban muy tristes, ya que para sorpresa de la osita, el río que permitía que los molinos trabajaran y se regaran los cultivos, se encontraba seco. Los ositos que allí vivían no se atrevían a ir más lejos a ver porque el río estaba seco, ya que el cauce provenía de un oscuro bosque.
La osita intrigada, decidió adentrarse en las profundidades del bosque, pese a las advertencias de los ositos molineros. El caminó en un principio parecía fácil, no obstante a medida que iba caminado, el bosque se iba haciendo cada vez más denso. Los arboles eran más altos y tupidos, y extraños ruidos se podían escuchar por doquier.
La osita sintió un escalofrío cuando una rama tocó su brazo, y un búho paso ululando sobre su cabeza, sintiendo muchas ganas de volver a su hogar, sin embargo, el deseo de seguir haciendo siempre el pan que hacía feliz a los ositos, le dio el ímpetu para seguir avanzando.
Y fue así como, perseverando en aquel oscuro bosque, siguiendo el seco cauce del río, de pronto se encontró con un gran dique construido por unos traviesos castores que vivían en las orillas del río.
Los castores quedaron sorprendidos al encontrarse con la osita, pues nadie visitaba aquellos parajes.
– ¿Qué haces aquí pequeña osita?- preguntó uno de los castores intrigado por la visita de la osita.
– He venido en busca de la causa por la cual se secó el río- respondió la osita, resoplando por el cansancio tras la larga caminata-, puesto que es muy importante para nuestro pueblo, ya que de este río dependen los molinos y las plantaciones de trigo que producen la harina que se utiliza, y yo sin ella, no puedo hacer el pan que tanto le gusta al pueblo.
– ¡Oh! No sabíamos que era tan importante este río- dijeron a coro algunos castores que habían estado escuchando el relato de la osita-. ¡Pero no te preocupes!, dejaremos que el río vuelva a fluir nuevamente, y nos iremos a otros riachuelos cercanos.
-¡Gracias pequeños castores!- respondió feliz la osita con los ojos llorosos-, no saben lo feliz que me han hecho.
– Y por tu valentía y perseverancia, te haremos una pequeña balsa para que vuelvas a tu hogar, como también, te regalaremos unas ricas especias, para que tu pan quede aún más sabroso- dijo el líder de los castores, con una amplia sonrisa que dejaban al descubierto sus enormes dientes.
Y así, los castores se pusieron a trabajar alegremente, cumpliendo rápidamente su cometido.
– ¡Espero que tengas un buen regreso a casa!- dijeron los castores mientras la osita se subía a la barquita, y junto con el río emprendía el viaje.
Los ositos en el pueblo, se sorprendieron al ver que el agua estaba volviendo, y más aún, al ver a la osita quien venía navegando.
La osita fue recibida como una verdadera heroína, y su aventura se transformó en toda una historia que los oseznitos querían escuchar una y otra vez, y el pan que hacía la osita, fue cada vez más delicioso, y se convirtió en una verdadera tradición en aquel alegre pueblo de ositos.

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Una Respuesta a “La Osita Panadera”

  1. Muy lindo cuento!!

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Información sobre el Escritor

  • Escrito por: Joussie
  • Miembro desde: marzo 30, 2013

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