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Una mágica visita

Stephanie todas las mañanas salía a regar las macetas que adornaban el pequeño balcón de su departamento. Las regaba con mucha delicadeza, mientras entonaba una suave canción, observando las lustrosas hojas y las coloridas flores.
Cada día, Stephanie repetía este ritual con la misma dedicación, como si se tratase de la primera vez. Su balcón siempre estaba radiante del verdor y el aroma de las flores de estación, sin embargo, en más de una ocasión, alguna planta sufrió las inclemencias del tiempo, o del cambio de estación, no obstante, la dedicación de la muchacha no declinaba por aquello. Fue con así como un día otoñal, mientras con una ágil danza, regaba una por una sus macetas, encontró un diminuto ser cobijado entre las verdes hojas. Curiosa y preocupada, se acercó para ver más de cerca de que se trataba, y cuál no sería su sorpresa al encontrar una pequeña hada, que dormía apoyada en sus gráciles manos, mientras un sublime vestido color turquesa cubría su esbelto cuerpo.
La muchacha no cabía en sí frente a tal descubrimiento, no sabía cómo reaccionar ni tampoco que pensar, pues esto superaba todo lo que alguna vez pensó que podría encontrar en este mundo. Las emociones la embargaban, tanto así, que un hondo suspiro se arrancó de sus labios, lo cual fue suficiente para despertar a la huésped que estaba observando.
La hadita despertó bruscamente, abriendo de par en par dos celestes ojos como el cielo, mientras un suave y azabache mechón caía sobre su agraciado rostro. Asustada, se incorporó rápidamente, tratando de esconderse detrás del delgado tallo. Stephanie, nerviosa, sólo atinó a sonreír y a acercarle su temblorosa mano, y sin saber si la pequeña hada la entendería, murmuró suavemente “No temas”. La hadita, temerosa, salió de su improvisado escondite, y mirando los ojos de la muchacha, en los cuales se reflejaba, se acercó y aceptó la invitación. Lo hizo lentamente, hasta que sus pequeños pies estuvieron sobre la mano de la muchacha quien la cobijo en su regazo, pues descubrió, que una de sus plateadas alas, estaba herida.
Con mucha delicadeza, Stephanie comenzó a conversar con su pequeña invitada, quien para felicidad de ambas, entendía perfectamente el idioma humano, y con una suave voz, le comenzó a contar su historia, la historia de una princesa que logró escapar del ataque de su reino, un reino que estaba cerca y a la vez lejos de aquí, y que ahora más que nunca necesitaba de su ayuda, de su poder para restaurar las cosas, pero que lamentablemente no lo podía hacer con ella misma, ni estando herida.
La muchacha sintió gran compasión por aquella hadita, quien acongojada, sufría por las inclemencias de su pueblo, a quien amaba intensamente. Como pudo, la ayudó, recolectando diariamente gotas de néctar para su sustento, quien poco a poco fue recuperando la fuerza y el brillo de su alita, y como recompensa, le relataba a la muchacha una bella historia de su pueblo.
Y así, como repentinamente la muchacha descubrió a su pequeña huésped, repentinamente descubrió que esta se había marchado, sin embargo, un bello recuerdo la acompañaría por siempre, pues todas sus flores y plantas estaba con el plateado brillo de las alas de la hadita, y nunca jamás, sufrieron por las inclemencias del tiempo, y el balcón de Stephanie, estuvo por siempre teñido de verde y de maravillosos colores florales, y sus macetas tuvieron las plantas más bellas que en este mundo se pudieran encontrar.

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Información sobre el Escritor

  • Escrito por: Joussie
  • Miembro desde: marzo 30, 2013

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